Mamá, ¿me oyes?
No sé por dónde hablarpara que mi voz vuelva a llegar a ti,
tampoco sé como se vive sin tu voz,
no sé como se deja de necesitarte.
Sé que sería egoísta quererte aquí, que tu viaje es hacia un lugar dónde no existe el dolor, es por eso que no pregunto cómo estás, esa pregunta se responde sola, solo que yo no sé como estoy, nunca pensé que se me hiciera tan grande y vacío el mundo sin tu voz,
sin tus remedios
y sin tus manos curándome las alas.
Sé que nunca te gustó verme llorar y lo siento,
lo siento porque no encuentro una llave para cerrar este grifo roto en mí.
Nunca fui buena arreglando cosas, eras tú quien siempre me arreglaba a mí. Mi lugar seguro, mi refugio siempre fue correr hasta casa y esperar en tus brazos a que la tormenta pasara, sólo tú encontrabas mi botón de reinicio, mis instrucciones, y es que nadie puede conocer tanto de mí como tú.
Te extraño tanto, ha sido tan difícil volver a casa y no verte sentada en tu lugar, a veces aún puedo escucharte, pero me gustaría que pudiéramos escucharnos las dos, porque gritar al cielo es el único recurso que se me ocurre.
Aquí abajo las cosas sin ti no se ven igual,
las sábanas ya no las siento cálidas,
tampoco abro las ventanas, y es porque siempre siento frío...
Quién diría que el sol eras tú.
Sé que quien emprende el viaje al cielo ya no regresa, pero... ¿podríamos vernos siempre en mis sueños?
Hay tantas cosas que quedaron por contarnos, tantas cosas por aprender la una de la otra... Son tantos los abrazos que me quedaron por darte, y es que no sabemos cuándo será el último, de haber estado tan segura de que aquel día 3 sería el último no quisiera haberte soltado jamás, pero siempre fuiste tú quien me impulsó abrir mis alas y volar lejos...
Aunque eso implicara irme de ti.
Pero te fuiste pronto de mi, aún así no te preocupes, en algún momento volveré a volar aunque sólo sea por estar un poquito más cerca de ti.
Todo es temporal, y yo no creo en el adiós, nunca lo creíste tú,
no sé si nos despedimos como debíamos, tú sé que no porque no querías irte, por eso espero que cuando volvamos a vernos, estés esperándome con los brazos tan abiertos que nos cansemos de abrazarnos por no querer soltarnos.
Algún día volveremos a vernos, y será para siempre, sin enfermedad, sin debilidad, y te verás más guapa aún de lo que yo te recuerdo, tendrás toda la fuerza en tus manos y una felicidad infinita en tus ojos, tendrás las alas más grandes que nadie haya visto y en tu voz ya no encontraré fantasmas de malos recuerdos.
Te amo mamá, y cada día sé que lo haré mucho más para que llegue a ti aunque estés en el infinito doblando a la derecha.
Te amo, como sólo tú me enseñaste amar, sin tiempo, sin espacio y sin límites.
Te amo porque me enseñaste que la guerra también se puede ganas de rodillas,
y te amo... Porque no me dejaste desarmada.
Soy algo bueno, y lo soy por ti.
Amr.-

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