23 de octubre de 2012

Vida solo hay una, y hay que saber vivirla.

Siempre que pensaba en la muerte automáticamente mi alma se llenaba de todas aquellas cosas que me rodeaban, el cielo, la luz, el agua, las nubes, los campos y muchas vidas... Los amigos, la familia los amores... Todos los deseos del mundo estaban en mí, yo era, yo era la viva. Pero ya lo sabes tú, cuando menos te lo esperas de un simple plumazo podemos desaparecer y dejamos de existir y ya nunca volveremos a aquellos lugares que sin nosotros habrán perdido algo de su encanto, de su magia, lugares que poco a poco se van quedando solos, vacíos, sin alma. Queramos o no todo lo que nos rodea muere con nosotros, incluso nuestro recuerdo, muchos se empeñarán en conservarlo pero el tiempo lo acaba borrando todo, y es una pena ¿no crees?. Con lo fácil que sería volver abrir los ojos, con lo fácil que sería volver a soñar, eso sí que seria bonito, aunque nunca volviera abrir los ojos... Tan solo soñar. No sé vosotros, pero yo me noto muy viva, dicen que la humanidad está formada prioritariamente de muertos y de cosas muertas, que los vivos apenas representan nada al lado de la multitud de los que ya no están. La memoria de la gente es breve, no pueden recordar a todos los muertos, no se pueden acordar de todo... Y eso que se han inventado mil artilugios para ayudarnos a recordar, fotografías, libros, etc. Quizá por eso es recomendable no estar solo, la memoria de dos personas siempre será menos breve que la de una persona sola. Además siempre le podemos contar a nuestros hijos, quienes somos o de donde venimos aunque aveces no tengamos muy claro a donde vamos... Porque eso es todo lo que tenemos, nuestra vida, nuestra maravillosa e irreemplazable vida, una vida que solo podemos vivir nosotros y que podemos vivirla como queramos y que piensen lo que quieran los demás, que digan lo que quieran... Y porque en cualquier momento, cuando menos te lo esperas, los sueños siempre pueden convertirse de nuevo en pesadillas.


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