13 de octubre de 2015

Somos casualidades llenas de intenciones

"El otro día fui a un lugar al que tenía la sensación de haber estado antes. Me sentí cómoda y pensé que será verdad eso de que a uno siempre le va a resultar más fácil acudir a los mismos hombros donde ya se ha llorado, a la misma terraza donde el sol hizo un pacto con tu lado bueno de la cara y a los bares con camareros en deuda por todas las botellas que rompieron al verte entrar. Y no los culpo, porque cuando llegaste yo también hice muchos destrozos. Los volvería a hacer, volvería a reconstruir estas ruinas y esperaría a que te dieras cuenta de lo mucho que me ha costado. De lo difícil que ha sido para mí saber que no cuentas conmigo y que no vendrás a llorar a mis hombros, que no estaremos en la misma terraza después de una noche de borrachera y mañanas de resaca donde todos los andamios me conducen hacia ti. Probablemente, lo más sensato sea dejar de intentarlo y aceptar que cuando escuchas mi nombre no lo asocias a tu párrafo favorito, o que las páginas de tu último libro no coinciden con el número de posibilidades que existen de huir muy lejos, donde el silencio no se atreva a alcanzarnos. Aceptaré que nunca fui ni seré tu lugar, aunque para mí cogerte de la mano era sostener un mundo entero y maravilloso, con la gama de colores más completa que se pueda imaginar y con un brillo que, a día de hoy, solo he visto brotar de ti. Que no de tus ojos o de lo azules que sean, sino de todo lo que se esconde detrás de ellos. Aceptaré también que no lo hice bien, que no te abracé lo suficientemente fuerte ni te dije demasiado alto que desde que te vi pasar no he hecho otra cosa que pensar en aquel domingo por la noche y las ochocientas treinta y tres formas de quererte sin que se note. No te culpo por todo este desastre pero podrías haber avisado de que no te gusta el desorden y que tus tristezas se sienten mucho mejor lejos de aquí, en otro bar, en otros hombros, en otra calle."


Alejandra Hincapié

No hay comentarios:

Publicar un comentario