Somos casualidades llenas de intenciones
"El otro día fui a un lugar al que tenía la sensación de haber estado
antes. Me sentí cómoda y pensé que será verdad eso de que a uno siempre
le va a resultar más fácil acudir a los mismos hombros donde ya se ha
llorado, a la misma terraza donde el sol hizo un pacto con tu lado bueno
de la cara y a los bares con camareros en deuda por todas las botellas
que rompieron al verte entrar. Y no los culpo, porque cuando llegaste yo
también hice muchos destrozos. Los volvería a hacer,
volvería a reconstruir estas ruinas y esperaría a que te dieras cuenta
de lo mucho que me ha costado. De lo difícil que ha sido para mí saber
que no cuentas conmigo y que no vendrás a llorar a mis hombros, que no
estaremos en la misma terraza después de una noche de borrachera y
mañanas de resaca donde todos los andamios me conducen hacia ti.
Probablemente, lo más sensato sea dejar de intentarlo y aceptar que
cuando escuchas mi nombre no lo asocias a tu párrafo favorito, o que las
páginas de tu último libro no coinciden con el número de posibilidades
que existen de huir muy lejos, donde el silencio no se atreva a
alcanzarnos. Aceptaré que nunca fui ni seré tu lugar, aunque para mí
cogerte de la mano era sostener un mundo entero y maravilloso, con la
gama de colores más completa que se pueda imaginar y con un brillo que, a
día de hoy, solo he visto brotar de ti. Que no de tus ojos o de lo
azules que sean, sino de todo lo que se esconde detrás de ellos.
Aceptaré también que no lo hice bien, que no te abracé lo
suficientemente fuerte ni te dije demasiado alto que desde que te vi
pasar no he hecho otra cosa que pensar en aquel domingo por la noche y
las ochocientas treinta y tres formas de quererte sin que se note. No te
culpo por todo este desastre pero podrías haber avisado de que no te
gusta el desorden y que tus tristezas se sienten mucho mejor lejos de
aquí, en otro bar, en otros hombros, en otra calle."
Alejandra Hincapié
No hay comentarios:
Publicar un comentario