Odio esos días en los que tengo que hacer un alto en el camino, parar, tomar aire y recordar los motivos por los que ahora no estás conmigo. Sí, reconozco que aún hay momentos en los que me queman las cenizas en que las que ha quedado convertido todo el fuego de nuestro amor. A veces tengo que salir de la cama, ponerme de píe ante el espejo y repetir en voz alta que si no estamos juntos es porque yo preferí estar sola antes que seguir ahogándome en ese oceáno de dudas que me ofrecías. Hay pocas personas que sepan que es mucho más valiente dejar ir que quedarse. Que renunciar a lo que se quiere es una de las decisiones más difíciles de la vida. Yo viví nuestra historia con tanta intensidad que todavía no me siento preparada para escribirla en un capítulo completo, que todavía duele tanto tu ausencia que tengo que recordar lo mucho que también dolía tu presencia. Y que si rompí con la rutina, después de tanto esfuerzo, no fue porque no te quisiera, fue porque no podía sostenerme de píe los días que desaparecías. Si yo te contara todo lo que he pasado desde aquel último adiós, sin duda me perdonarías por haberme ido. Si yo te dijera que tu sonrisa es un espectáculo de ballet para mis retinas, que me pongo igual de nerviosa que el primer día y que todavía no me acostumbro a escuchar tu voz de fondo sin que se dirija a mí, lamentarías haberme dejado marchar. No sé cómo explicarte que tu mirada aún me incomoda y me devora a partes iguales, que tienes esas pestañas en las que se han mecido todos los sueños del planeta y que, sin embargo, te doy la espalda y sigo caminando como si no me importaras porque nunca nada me había importado tanto. Ya sé que he tocado tu orgullo, que te incendías de rabia cada vez que giraba la cara y te negaba la sonrisa. Sé que crees que te odio y puede que así haya sido muchas veces, pero que sepas que empecé a odiarte, precisamente, cuando ya no me cabía más amor en el pecho.La vida, mi niño, que a veces es muy puta y no entiende de sentimientos, que te hace cruzarte con alguien que te pone del revés los planes y acaba apuñalándote con la flecha de cupido. Deberías hacer memoría tú también, ser justo por una vez, empezar a asumir la pérdida, y reconocer, -aunque sea sólo para ti mismo- que me has perdido por pensar que me tenías, que no estoy a tu lado porque pusiste tantas normas que me cansé del juego, y que si sabías que te quería desde aquella primera discusión, no sé por qué dejaste entonces que siguieran tantas otras. Ya sabes, que si me fui es porque te quería demasiado, tanto, tanto, que no podía quererte sólo a ratos.
#Pólvoraenlamirada
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