Ese que te enseñó lo que era amar desde la perspectiva de lo imposible.
A decir adiós desde la resignación. Al que idealizaste como al que más.
A decir adiós desde la resignación. Al que idealizaste como al que más.
Ese al que mirabas con chiribitas en los ojos. Con el que descubriste que aquello de las mariposas en el estómago, era todo cuento, porque tú tenías golondrinas.
Él es uno de esos hombres de tu vida que al recordarlo vuelves a sentir que en el fondo sigues siendo una niña.
Pero entonces, cuando ya tu cabeza está pensando en esas cosas de adulto. Cuando ya has perdido la ilusión por la propia ilusión. Cuando crees que la magia te abandonó al dejar los dieciocho de lado.
Justo ahí, a tus veintitantos... cruzando la Calle de lo Inesperado, ÉL aparece en tu vida.
Él es uno de esos hombres de tu vida que al recordarlo vuelves a sentir que en el fondo sigues siendo una niña.
Pero entonces, cuando ya tu cabeza está pensando en esas cosas de adulto. Cuando ya has perdido la ilusión por la propia ilusión. Cuando crees que la magia te abandonó al dejar los dieciocho de lado.
Justo ahí, a tus veintitantos... cruzando la Calle de lo Inesperado, ÉL aparece en tu vida.
Y entonces, lo notas.
PAM. El corazón te da un vuelco.
Te falta hasta el aire. Y te sobran latidos.
Vuelves a ser esa niña, con el recorrido de la adulta.
Él era un viaje al pasado. Un billete asegurado para recordar todo aquello que dejaste tras la barrera de la mayoría de edad. Te combina, te mira y te suma.
Y sin saber como, riega alguna parte de ti que no sabías que dormía.
Y él, valiente... Aún tiene aliento para preguntarte:
¿Cuánto te gusto?
Como si tú pudieras medir las 2489 letras que te han hecho llegar al final de este texto pensando en él.
Y entonces lo piensas, ¿Y si él… fuera ÉL?
PAM. El corazón te da un vuelco.
Te falta hasta el aire. Y te sobran latidos.
Vuelves a ser esa niña, con el recorrido de la adulta.
Él era un viaje al pasado. Un billete asegurado para recordar todo aquello que dejaste tras la barrera de la mayoría de edad. Te combina, te mira y te suma.
Y sin saber como, riega alguna parte de ti que no sabías que dormía.
Y él, valiente... Aún tiene aliento para preguntarte:
¿Cuánto te gusto?
Como si tú pudieras medir las 2489 letras que te han hecho llegar al final de este texto pensando en él.
Y entonces lo piensas, ¿Y si él… fuera ÉL?

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